Tratamos el dinero en categorías separadas, no como algo fungible.
Un peso ahorrado y un peso de bono de fin de año valen exactamente lo mismo en la cuenta bancaria, pero no en la cabeza. Solemos asignar el dinero a categorías mentales separadas (el sueldo, el aguinaldo, los ahorros, las ganancias del casino) y tratamos cada una con reglas distintas, en vez de verlo todo como un mismo fondo intercambiable.
Imagina que compraste una entrada de $10 para el teatro, y al llegar te das cuenta de que la perdiste. La mayoría de la gente duda mucho en comprar otra entrada. Ahora imagina que, en cambio, perdiste un billete de $10 en la calle antes de comprar la entrada. Casi todos igual compran la entrada. La pérdida objetiva es idéntica en ambos casos, $10, pero en el primer escenario el dinero ya estaba "asignado" a la categoría mental de "entretenimiento nocturno", y gastar otros $10 ahí se siente como duplicar ese gasto específico.
Categorizar el dinero en cuentas mentales simplifica el autocontrol (más fácil no tocar "los ahorros para la casa" si existe como categoría aparte), pero también nos lleva a decisiones inconsistentes, como endeudarnos a tasa alta mientras mantenemos ahorros a tasa baja en una cuenta separada.
Fuente: Thaler, R. H. (1985). Mental Accounting and Consumer Choice. Marketing Science, 4(3), 199-214.
Un "fondo para emergencias" separado de la cuenta corriente, o un beneficio enmarcado como "dinero extra" en vez de "parte del sueldo", cambian cómo se gasta o se ahorra, aunque el monto total disponible sea idéntico.
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