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¿Qué son las ciencias del comportamiento?

Los fundamentos de la disciplina que cambió la forma de entender cómo tomamos decisiones.

Por Heurística Lab · 10 min de lectura

Imagina que estás en una ciudad que no conoces y quieres comer algo, pero no tienes tiempo de revisar cada opción en Google Maps. Ves un restaurante con una fila de gente afuera y piensas "si hay tanta gente, debe ser bueno", así que te sumas a la fila. Acabas de tomar una decisión sin analizar el menú, los precios ni las reseñas. Eso es exactamente lo que estudian las ciencias del comportamiento. Cómo evaluamos información, tomamos decisiones y actuamos, casi nunca de forma tan racional como creemos.

El campo combina psicología, neurociencia, antropología, sociología y economía conductual, entre otras áreas, para entender los mecanismos reales detrás de la conducta humana. Hoy las dos disciplinas más influyentes son la psicología, que estudia la mente y los procesos mentales, y la economía conductual, que nace de cruzar la psicología con la economía y estudia las formas en que nos desviamos de la manera "racional" de decidir que asumían los modelos tradicionales.

Por qué la economía tradicional no alcanzaba

Un ejemplo simple. Si te ofrecen $50 seguros o tirar una moneda al aire para ganar $110 o nada, la economía tradicional diría que deberías preferir la apuesta, porque en promedio te conviene más. La mayoría de la gente prefiere igual los $50 seguros. Desde los años 50, distintos economistas empezaron a notar este tipo de fallas en los supuestos de la economía clásica. Esos modelos asumían tres cosas. Que las personas tomamos decisiones de forma racional y lógica buscando siempre maximizar nuestra utilidad. Que tenemos acceso completo a la información relevante y la procesamos de forma óptima. Y que nuestras preferencias son estables en el tiempo.

El problema es que los seres humanos no decidimos así. Herbert Simon propuso que operamos con una "racionalidad limitada". En entornos complejos y con información incompleta, no buscamos la decisión óptima sino una que sea suficientemente buena. A ese enfoque lo llamó satisficing, una combinación de "satisfy" (satisfacer) y "suffice" (ser suficiente). En lugar de perseguir la perfección, buscamos soluciones que cumplan el objetivo sin exigirnos analizar cada opción posible.

Kahneman, Tversky y los dos sistemas de pensamiento

En los años 70, Amos Tversky y Daniel Kahneman demostraron que las personas estamos sujetas a sesgos cognitivos y errores sistemáticos al decidir. Mostraron que solemos apoyarnos en atajos mentales en lugar de analizar toda la información disponible, y que la forma en que se presenta esa información puede cambiar por completo nuestra decisión. Este trabajo fue tan influyente que en 2002 Kahneman ganó el Premio Nobel de Economía por integrar la psicología a la ciencia económica, algo inusual considerando que Kahneman es psicólogo, no economista.

Para explicar esto, Kahneman popularizó en su libro Thinking, Fast and Slow (2011) una idea desarrollada originalmente por Keith Stanovich y Richard West. Nuestra mente decide usando uno de dos sistemas de pensamiento.

El Sistema 1 es rápido, intuitivo y automático. Opera con poco o ningún esfuerzo consciente, y suele llevarnos a soluciones "suficientemente buenas" sin evaluar todas las alternativas. El Sistema 2 es lento, deliberado y analítico. Requiere esfuerzo consciente y es el que usamos cuando de verdad buscamos la mejor opción posible, no solo una aceptable.

Los límites del campo

Las ciencias del comportamiento no son una verdad absoluta e indiscutida, y vale la pena decirlo con la misma honestidad con la que se cuenta el resto de la historia. En la última década, varios hallazgos clásicos de la psicología no se replicaron cuando otros investigadores repitieron los experimentos con muestras más grandes. El caso más citado es el del "agotamiento del ego" (ego depletion), una teoría muy popular en los 2000 sobre que la fuerza de voluntad se consume como un músculo, que un meta-análisis a gran escala en 2016 no logró replicar. Incluso hallazgos tan conocidos como la aversión a la pérdida han mostrado, en revisiones posteriores, efectos más pequeños y más dependientes del contexto de lo que sugieren los libros de texto.

Esto no invalida el campo. Lo maduró. Hoy se exige más rigor metodológico, muestras más grandes y, sobre todo, validar cada intervención con evidencia real antes de asumir que funciona a gran escala. Diseñar una solución basada en un sesgo conocido no garantiza que funcione en tu contexto específico. Por eso en Heurística Lab la validación experimental es un paso del proceso, no un extra opcional.

Siete atajos mentales que probablemente ya viviste esta semana

Estos son algunos de los atajos mentales y principios psicológicos más documentados, con un ejemplo real de cada uno.

Validación social. Cuando no sabemos qué hacer, miramos lo que hacen los demás y los seguimos, como en la fila del restaurante del inicio de este artículo. En uno de nuestros propios proyectos, mostrar modelos a seguir femeninos en las convocatorias de una institución financiera ayudó a incrementar 49% la postulación de mujeres a cargos de liderazgo, sin afectar la de los hombres.

Regla de los hitos y finales. Juzgamos una experiencia sobre todo por su momento más intenso y por cómo termina, no por el promedio. IKEA ubica su restaurante de precios accesibles al final del recorrido de la tienda, para dejar un último recuerdo positivo de la visita.

Efecto ancla. Sin una cifra de referencia, no sabemos si un precio es alto o bajo. En un proyecto real para una aseguradora, una de las principales barreras para vender un seguro infantil de $10 al mes era justamente esa. Los clientes no tenían con qué comparar el precio para decidir si era justo.

Efecto default. Tendemos a quedarnos con la opción que ya viene preseleccionada, en lugar de cambiarla activamente. La tasa de donación de órganos es una de las variables mejor estudiadas de este efecto. Los países donde donar es la opción por defecto suelen tener tasas mucho más altas que aquellos donde hay que inscribirse por decisión propia, aunque las reglas de cada sistema de salud también influyen.

Heurística de disponibilidad. Juzgamos qué tan probable es algo según qué tan fácil nos resulta recordar ejemplos, no según la estadística real. Por eso mucha gente le teme más a viajar en avión que en auto, cuando volar es más seguro por kilómetro recorrido.

Reciprocidad. Recibir algo sin pedirlo nos predispone a devolver el gesto. Netflix, Spotify, UberEats y Rappi regalan meses de prueba porque recibir un servicio gratis aumenta la probabilidad de que después lo paguemos.

Escasez. Percibimos como más valioso lo que está menos disponible. Booking.com muestra cuántas habitaciones quedan a un precio de oferta, y eBay avisa cuando un producto está por agotarse.

De la teoría a la práctica, Thaler y el nudge

El economista Richard Thaler fue quien llevó esta teoría a algo aplicable. Junto con Cass Sunstein, popularizó el concepto de nudge (empujón) en su libro Nudge: Improving Decisions About Health, Wealth, and Happiness (2008). Un nudge es cualquier cambio en cómo se presenta una decisión que influye en el comportamiento de forma predecible, sin prohibir ninguna opción ni cambiar los incentivos económicos de fondo. Poner la fruta a la altura de los ojos en una cafetería es un nudge. Prohibir la comida chatarra no lo es.

Thaler ganó el Premio Nobel de Economía en 2017 por el conjunto de su obra en economía conductual a lo largo de varias décadas, no específicamente por el libro. Para entonces, gobiernos como el Reino Unido ya habían creado equipos dedicados a aplicar ciencias del comportamiento a políticas públicas, el más conocido es el "Nudge Unit" británico (Behavioural Insights Team), fundado en 2010. Uno de sus primeros experimentos consistió en modificar las cartas de cobro de impuestos atrasados agregando una línea que decía que la mayoría de los vecinos ya habían pagado, y logró subir la tasa de pago en varios puntos porcentuales sin cambiar el monto adeudado ni la fecha límite. Hoy este enfoque se usa en salud pública, ahorro para el retiro, cumplimiento tributario, educación, y en el diseño de productos y servicios digitales que usamos todos los días, incluyendo el trabajo que hacemos en investigación de comportamiento con nuestros clientes.

Por qué esto importa

Entender que las personas no decidimos de forma puramente racional, sino "suficientemente buena", cambia por completo cómo se diseñan productos, servicios, políticas públicas y comunicaciones. No se trata de que la gente decida mal. Decide distinto de como suponían los modelos tradicionales. Para una empresa, esto suele significar que el problema no es el precio, el producto ni la falta de información, sino cómo se presenta la decisión, y arreglar eso suele ser más rápido y más barato que rediseñar el producto entero. Convertir estos hallazgos en soluciones concretas es exactamente el punto de partida del Behavioral Design.

Si quieres seguir profundizando, descarga nuestra guía La ciencia de la persuasión, con 16 principios y casos reales de cómo se aplica todo esto, o explora cada uno en nuestra biblioteca de conceptos.

Preguntas frecuentes

¿Ciencias del comportamiento y economía conductual son lo mismo?

No exactamente. La economía conductual es una de las disciplinas dentro de las ciencias del comportamiento, junto con la psicología, la neurociencia, la antropología y la sociología. Es la más citada porque fue la que más cuestionó los modelos económicos tradicionales, pero el campo es más amplio que solo economía.

¿Cuál es la diferencia entre una heurística y un sesgo?

Una heurística es el atajo mental en sí, útil la mayoría de las veces. Un sesgo cognitivo es lo que ocurre cuando ese atajo nos lleva a un error sistemático y predecible. Toda heurística puede producir un sesgo, pero no siempre lo hace. Vale la pena decir que no todos los investigadores están de acuerdo en enfatizar el lado "error" de las heurísticas. El psicólogo Gerd Gigerenzer y su corriente de heurísticas rápidas y frugales argumentan que muchos atajos mentales son adaptaciones eficientes, no fallas, y que en entornos con información incompleta pueden superar a modelos mucho más complejos.

¿Quién inventó el concepto de nudge?

Richard Thaler y Cass Sunstein lo popularizaron en su libro "Nudge" (2008), aunque la idea de diseñar el contexto de una decisión ya existía antes en la economía conductual, por ejemplo en los estudios sobre defaults de Johnson y Goldstein (2003) y en los efectos de framing de Kahneman y Tversky (1981). Thaler ganó el Premio Nobel de Economía en 2017 por el conjunto de su obra en economía conductual, no específicamente por este libro. Sunstein no ha ganado el Nobel.

¿Cuál es la "fila del restaurante" en tu negocio?

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