Comprometernos frente a otros aumenta la probabilidad de cumplir.
Entre proponernos algo y realmente hacerlo suele haber una brecha grande. Comprometernos frente a otra persona, o frente a nosotros mismos de forma explícita, aumenta la probabilidad de que cumplamos, porque nuestro deseo de ser consistentes con lo que dijimos entra en juego.
Un hotel quiso reducir el gasto de agua de lavandería promoviendo la reutilización de toallas. En vez de solo pedirlo, invitó a los huéspedes a firmar frente al recepcionista un compromiso explícito, a cambio de un pin que decía "Amigo de la Tierra". La estrategia aumentó en 25% la probabilidad de que los huéspedes colgaran al menos una toalla para reutilizarla. La plataforma stickK usa el mismo principio. Las personas definen una meta, firman un contrato de compromiso, y pueden poner dinero en juego que pierden si no la cumplen.
Cumplir la palabra frente a otros, o frente a un compromiso que dejamos por escrito, activa nuestro deseo de mantenernos consistentes con lo que ya dijimos que haríamos.
Fuente: Baca-Motes, K., Brown, A., Gneezy, A., Keenan, E. & Nelson, L. (2012). Commitment and Behavior Change: Evidence From the Field. Journal of Consumer Research, 39(5), 1070-1084.
Un compromiso público y específico ("me comprometo a ahorrar X este mes") funciona mucho mejor que una intención vaga ("quiero ahorrar más"). Programas de salud, educación financiera o sostenibilidad en LatAm pueden apoyarse en esto sin necesitar más presupuesto.
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