Juzgamos qué tan probable es algo según qué tan fácil es recordarlo.
Mucha gente le teme más a viajar en avión que en auto, aunque volar es más seguro por kilómetro recorrido. Juzgamos qué tan probable es un evento según qué tan fácil nos resulta recordar ejemplos de él, no según la estadística real.
Un accidente aéreo recibe cobertura mediática masiva y queda grabado en la memoria; miles de accidentes de auto, mucho más frecuentes, casi nunca se cubren individualmente. Esa disponibilidad desigual en la memoria distorsiona la percepción real de riesgo, aunque los datos digan lo contrario.
Recordar un ejemplo con facilidad se siente como evidencia de que es frecuente, aunque la facilidad de recordarlo dependa de otros factores (qué tan reciente, vívido o mediático fue), no de su probabilidad real.
Fuente: Tversky, A. & Kahneman, D. (1973). Availability: A Heuristic for Judging Frequency and Probability. Cognitive Psychology, 5(2), 207-232.
Comunicar riesgos reales (de salud, financieros, de seguridad) compite contra ejemplos vívidos que la gente ya tiene en la memoria, muchas veces poco representativos. Los datos agregados rara vez ganan esa batalla si se presentan solos, sin un ejemplo igual de memorable.
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