Creemos que nos irá mejor que al resto, incluso sin evidencia que lo respalde.
La mayoría de las personas cree que tiene menos probabilidad que el resto de sufrir un accidente, perder su trabajo o divorciarse, y más probabilidad de tener una carrera exitosa que el promedio. Estadísticamente, no todos pueden estar en lo correcto. El sesgo de optimismo es la tendencia a sobreestimar la probabilidad de que nos ocurran eventos positivos, y subestimar la de los negativos, en comparación con los demás.
En un estudio clásico, se pidió a estudiantes universitarios que compararan su propia probabilidad de vivir distintos eventos futuros, buenos y malos, con la de sus compañeros. En promedio, se calificaron a sí mismos como significativamente más propensos a eventos positivos (tener una buena primera casa, un empleo satisfactorio tras graduarse) y menos propensos a eventos negativos (divorcio, enfermedades, accidentes automovilísticos), sin ninguna base objetiva para esa diferencia.
Mantener una visión optimista sobre el futuro propio reduce la ansiedad y sostiene la motivación para actuar, aunque tenga el costo de subestimar riesgos reales, como los del tabaquismo o la falta de ahorro para el retiro.
Fuente: Weinstein, N. D. (1980). Unrealistic Optimism About Future Life Events. Journal of Personality and Social Psychology, 39(5), 806-820.
Comunicar riesgo con estadísticas comparativas específicas ("de cada 100 personas como tú") suele calibrar mejor la percepción que apelar solo a advertencias genéricas, que el optimismo del lector descarta como aplicables a otros, no a sí mismo.
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